Si tuviera que al empezar una conversación con alguien en el sentido de conocerle, lo primero que le preguntaría, seria:
Es usted feliz?
Lo mismo que se me ocurre preguntar a alguien que padece de una enfermedad mental o una discapacidad mental.
Seguramente que me diría que no.
Nos parece normal que si hay enfermedad mental hay sufrimiento, lo que conlleva a un estado mental no óptimo, lo que no quiere decir que vaya a permanecer en ese estado de sufrimiento e infelicidad toda la vida, las enfermedades no son de carácter permanente y pueden ser superadas.
Vamos convenir que cambiamos el termino de Salud mental, por estado mental optimo, uno esta en un estado mental óptimo en algunos momentos y otros no. Usted tiene una gripe y la supera, y posiblemente el próximo invierno volverá a tener otra, lo que no hace de usted un enfermo gripal.
Si juntamos el estado mental óptimo a un estado social optimo, entonces decimos que usted tiene un proyecto de vida. Y hablaríamos de un estado mental y social óptimo, una persona feliz.
Los profesionales de lo mental, intentan, lo que llamamos la estabilización del paciente, una vez estabilizado viene el gran recorrido para mantenerlo así y darle un proyecto de vida, o sea : no es más que cuando usted tiene una enfermedad, una vez superada o sea estabilizadas sus funciones biológicas, toma cuidados de salud para no volver a tenerla, pero le continua a faltar lo social, a lo mejor con su enfermedad desestabilizó su familia o tan sencillamente perdió el empleo, de la misma forma los profesionales de lo mental, actúan con sus pacientes, luego de estabilizado, tienen que crear las condiciones para que el enfermo mental tenga su proprio proyecto de vida, sea finalmente feliz.
Todo empieza en intentar que el usuario de los servicios de salud mental, supere el auto estigma, una actitud negativa para consigo mismo y se auto limite en sus posibilidades. Este auto estigma, le limita a la hora de la integración social, y más que su misma enfermedad ese estigma que él mismo construye en su entorno le distancia de un proyecto de vida al que tiene derecho.
Le tenemos que dar el estímulo, para que grite, `yo también tengo el derecho de ser feliz’.
El estigma social es signo de incompetencia profesional, si no conseguimos ayudar el usuario de los servicios mentales a superar su estigma, cuando hablamos de normalizar somos los que ayudamos al rechazo y discriminación.
La Judicialización de la Salud Mental, los ingresos involuntarios, muchas veces no favorecen al usuarios de los servicios mentales, son resultado de la incapacidad de los profesionales de hacer llegar al enfermo la necesidad del mismo, sin que sea necesario el ingreso involuntario, las medidas restrictivas y coercitivas al enfermo mental, no le ayudan, empeoran la situación y le dan una imagen del profesional, como un carcelero, cuando lo debería ver como el amigo cercano que le va a ayudar a superar su problema y a darle ese proyecto de vida que con mas o menos integración hará de el un hombre mas feliz.
El estigma social inhibe al usuario de buscar ayuda y entregarse en manos de profesionales estableciendo una alianza terapéutica, un trabajo de equipo para superar las dificultades.
Podría afirmar que soy un profesional con la suerte de trabajar en una institución abierta, como los Centros de los Robles y Delfines sin rejas y en que los usuarios tienen la libertad de compartir servicios comunitarios en su entorno, sin rejas ni nada que les obligue a estar, mas que la voluntad de participar en una comunidad que hace todo para ayudarles y finalmente, para darles la posibilidad de que sean felices.
El estigma en la salud mental, es muchas veces alimentado por gente que ignorando de lo que habla, genera noticias con alarma social, habla por hablar, y escribe comentarios que faltan al respeto al usuario de los servicios mentales, dañando su autoestima y en la más vergonzosa violación a los derechos de confidencialidad, de cada usuario de los servicios mentales.
Al profesional se espera que sea un negociador , en situaciones de conflito con el usuario, por facilitar y compartir parte del poder, por que lo tenemos como profesionales de la salud mental “sobre ellos”, ceder parte del control para que ellos lleguen a controlar sus propias vidas, crear o recuperar sus proyectos de vida. Darles esperanza y respeto. Dejarles que reclamen el sentido de sus propias vidas. Darles a los usuarios el sentimiento de conexión con los demás: que no se sientan solos.
Dejarles desarrollar aptitudes o habilidades que el usuario define como importantes. Es de la responsabilidad de los profesionales de la salud mental el crecimiento y el cambio a proyecto de vida que les haga felices, es un trabajo que no termina nunca, pero tampoco pensar que ese camino los usuarios lo empiezan solos.
Las instituciones que prestan servicios mentales han de ser pro-activas y defensoras incondicionales de los derechos de los usuarios como ciudadanos, ( en nuestros centros los usuarios son convidados a votar, a tomar partido) , se puede funcionar sin restricciones ni coerciones, convidarles a colaborar en la organización y en la intervención de los servicios, apostar por vinculaciones a servicios normalizados, evitar servicios aislados, sectarios, en los talleres tenerlo claro que el mejor taller es el que se practica en el medio natural “sobre el terreno y en directo”, para que el usuario sienta la proximidad de la sociedad y de su entorno como suyo.
Un usuario de los servicios mentales, integrado, acompañado y finalmente feliz.
Unai Makua D ́Etcheverry



